viernes, 23 de noviembre de 2012

LAS PRIMERAS MONEDAS

Creo que todos los coleccionistas de monedas y amantes de la numismática nos hemos hecho estas preguntas alguna vez: ¿cuando nacieron las monedas?, ¿en que lugar? ¿quien o quienes fueron los primeros en acuñar una moneda?, ¿para que servían y para que eran utilizadas al principio?

Pues bien, desde el descubrimiento de los metales por los pueblos de la antigüedad,  oro, plata y bronce (éste último hacía el 2.500 a. C.) éstos fueron tenidos en gran estima dotándolos de valor y utilizándolos para los intercambios, pues eran mucho más versátiles, manejables y transportables que las cabezas de ganado que habitualmente se usaban entonces para ello. Así se empezaron a utilizar pepitas de oro o platatalentos (piezas metálicas de gran módulo, peso y valor a similitud de pequeñas pieles de res) y óbolos, (primitivas barras de metal de las cuales seis formaban un dracma -dracmh-palabra griega que significaba empuñar o agarrar, por ser los que se podían coger con la mano cerrada).

Pero fue a principios del siglo VII antes de Cristo cuando en la región griega de Jonia se empezaron a marcar ciertos trocitos de metal por los gobernantes asignándoles un valor fijo en relación a la cantidad de metal que les correspondía (valor intrínseco) para seguridad en las transacciones, naciendo así la primera moneda como tal.


Estas primeras monedas estaban realizadas en un material llamado electrum, que era una aleación natural de oro y plata y se denominaban stater o estátera. El anverso ni siguiera estaba marcado con signos reconocibles y en reverso aparecían una o varias punzonadas. El peso de la estátera era de unos 14 gramos, existiendo piezas fraccionarias de menor peso y valor.



Es posible que casi simultáneamente o unos pocos años después, hacia el año 650 A.C., en el Reino de Lydia, a no muchos kilómetros de Jonia, se iniciara la acuñación de piezas muy similares, pero que representaban ya una impronta, es decir, un carácter reconocido y reconocible del poder que lo emitía, en este caso, una cabeza de león y en el reverso el aludido punzonado.

Unos años más tarde también en Lidia, y bajo el poder del rey Creso (o Kroisos) se acuñan stateras alrededor del año 560 AC. En un primer momento se realizaron en el referido metal de electrón, y en su anverso se representaba una cabeza de león enfrentada a la de un toro, siendo sustituidas unas años más tarde por acuñaciones en oro y plata. Nuevamente su gran seña de identidad era el punzonado de reverso, marca inconfundible de las primeras acuñaciones.



Ya más tarde, cuando el reino lidio cayó bajo el poder del imperio Persa de Ciro II el grande, se acuñan estáteras de oro y medias estáteras o siglos de plata, hacia el año 546 AC, con los mismos tipos anteriores, siendo sustituidas más tarde por los conocidos daric o dáricos, acuñados a partir del 510 AC por Dario I y que mostraban un guerrero arrodillado con arco y flecha en posición de lance, y el clásico punzonado en la parte de reverso.




La práctica de emitir moneda se extendió en esta época, principios del S. VI, a GRECIA, donde un gran número de ciudades comenzaron a acuñar sus propias monedas, primero en la forma almendróide antes referida y reverso incuso, y luego dando lugar a tipos de gran calidad que fueron universalmente reconcidos a partir del siglo siguiente (S.V a.C), tales como los famosos tetradracmas de Aigina (con su tortuga), Corintio (con Pegaso) y Atenas (con su famoso búho, y que se muestra a continuación);


En Egipto, y siguiendo la corriente inciada en Grecía bajo cuya influencia se encontraba, la primera moneda en ser acuñada fue la estatera del faraón Nectanebo II, en los años 361-350 AC,  a la que hemos hecho alusión en la entrada de los Tetradracmas Ptolemaicos.


Durante el siglo IV a.C. y debido a las conquistas del griego-macedónio Alejandro III Magno (356-323 a.C), multitud de territorios adoptaron el tetradracma de plata griego y sus fracciones con la efigie del emperador, conviertiéndose en la gran divisa del mediterráneo oriental y Asía Menor.


En ROMA, hacia el S.IV a C. existieron unas primitivas piezas de valor o grandes lingotes de cobre, llamados aes rude o aes signatum que venían a equivaler inicialmente lo mismo que una cabeza de ganado, divisa de los primeros tiempos como hemos visto, y así venía representado en las propias piezas como se puede observar.
Estos lingotes, eran muy pesados (más de 1,5 kg) y como se puede uno imaginar eran de difícil transporte por lo que su uso quedaba restringido a grandes transaciones. Posteriormene y de manera paulatina estos cobres fueron adoptanto formas más manejables y de menor peso, evolucionado al aes grave o libral que pesaba 327,40 gramos, lo mismo que la libra romana -de ahi su nombre-. Después estos fueron reducidos en peso durante la época de la República Romana, existiendo sucesivamente el aes semilibral, triental, sextanl, y uncial (de donde proviene la onza) que eran piezas ya redondas pero aún de gran módulo, llegando por fin al aes semiuncial, este último de unos 14 grmos, peso que quedó estandarizado bajo el Imperio Romano.


Durante el S. III a C. surgió en Roma el didracma o quadrigatus moneda de plata en la que por primera vez aparece la palabra "Roma" y que fue el precursor del conocido denario.


En la PENINSULA IBERICA, las primeras monedas fueron acuñadas con motivo de las colonizaciones por parte de griegos y fenicios en el siglo V. Os remitimos al respecto a nuestra entrada monedas antiguas en la península iberica antes de la invasión musulmana.

Por último, decir que ya en el segundo milenio antes de Cristo, bajo la dinastía Shang (1.766-1.027 a.C.), ya se utilizaban en CHINA para los intercambios conchas marinas o cipreas a las que se dio un gran valor dada su dificultad de conseguir. Posteriormente en el primer milenio, durante la dinastía Zhou (1.026-256 a.C.), y dada la escasez de las citadas cipreas al aumentar las transacciones, se empezaron a utilizar miniaturas en diversos materiales de estas conchas (en hueso, piedra, jade o metal) y otros objetos como cuchillos de bronce, hachas y representaciones de animales que se reemplazaban por los reales. 


A similitud de las citadas cipreas, ya en bronce, se emitieron las primeras monedas chinas como tal, redondas y con una agujero en el centro para poder ensartarlas con cuerda tal y como se hacía con las conchas marinas, siendo unificados todos los tipos anteriores en una sola moneda de bronce por mandato del primer emperador de toda la China, Qin Shi Huang, de la dinastía Quin (221-206 a.C), de estilo redondo y con agujero cuadrado en el centro, tipo de moneda que perduró durante siglos en China.  

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